Hace un huevo que no escribo en el blog... sin embargo vuelvo y siento un refugio, algo que me pertenece sin pertenecer, algo personal, disimulado entre este mundo virtual que cada vez se vuelve más insoportable.
Hoy me trajiste acá lucho, al enterarme de la triste noticia de tu partida. No éramos tan amigos, pero uno o dos momentos chiquitos me sirvieron para darme cuenta de tu bondad y de que eras un flaco que le llega al corazón a las personas. Todos en el barrio te querían...
Solo se me ocurre tipear esto para liberarme de la angustia que me causó saber que ya no estás. Qué loco, casi no compartimos absolutamente nada pero esto me hace reaccionar igual... y sentirme de duelo.
No pierdas el brillo, aún desde allá arriba.
Los hermanos son como los dedos de la mano, unidos pero a la vez distintos, cada uno con su personalidad y más cerca de algunos que de otros. Soy una de las del medio, quizás por eso, incoscientemente elegí el nombre de mi blog.
Dicen que a los del medio más les cuesta, dicen también que son los que más se pierden, Pero no estoy segura de que sea así.
Somos 4, cada uno vivió momentos felices pero también algunos demasiado tristes, a veces me tocó aconsejar, otras poner el oído y demasiadas veces refugiarme en el que podía recibirme más allá de su propio andar.
Hace días que está triste. La última vez que vino a verme, le ví los ojos muy vacíos, con miedo a perderse. Siento que está en un lugar al cuál no puedo acceder. Todo el tiempo pienso qué hacer para verla sonreir, para devolverle un poquito de lo que ella cree que perdió.
Pero cuánto más pienso, más entiendo que los caminos son de uno, y que solamente uno puede encontrarse, reconstruir y salir a la luz.
Yo voy a estar ahí, para verla descubrir que ser feliz es una necesidad... y quizás la próxima ella tenga que esperarme a mí.
Evidentemente hay cuestiones que no quiero reflejar. Demasiada profundidad es como dejar al descubierto temas que prefiero reservar. Dejar destapadas las sensaciones y las vivencias, hacen que la fragilidad tome el lugar que la felicidad debería.
Probablemente sea un delirio mío, o tal vez... esta vez,prefiero disfrutar en silencio.
Estoy feliz, después de tanto trayecto y tantas huidas, no quiero moverme de aquí.
Otra vez fuí por más, avancé sin pensar en las consecuencias, y abrí todo mi ser, para que lo veas de cerca mejor que yo. Me adelanté unos cuantos pasos, con la ilusión de que te decidas a correr para alcanzarme y volver a caminar a la par, como lo habíamos hecho antes.
Me desnudé durante mucho tiempo, sin importar que la lluvia y los cachetazos me dieran ganas de vestirme. Y abrí mis brazos para que vengas a refugiarte, solo cuando te dieran ganas. Te miré durmiendo varias veces y luego con todo el esfuerzo me fuí de ahí. Esta vez llovía en serio y yo no me dí cuenta...
Después de un largo descanso que me atreví a tomar, hoy me arrimo casi sin querer.
De algún modo, te niego y recurro a escribir, en los momentos de mayor soledad y tristeza, estados de los cuales intento escapar. Vos sabés...
A veces suelo creer que el explayarse demasiado sobre un tema, hace sangrar más aún las heridas. Es como mirarlas de cerca, casi como indagar en un cuarto oscuro, adivinando lo que vamos a encontrar...
No existe ya lugar mental que no haya recorrido con la esperanza de quedarme ahí hasta sanar. Cuando pensaba que las heridas habían cicatrizado para dejarme en paz, vuelven a sangrar y como si fuera poco, lo hacen por adelantado.
No creo tener la fuerza suficiente para mantener en pie mis ideales y defender mis derechos. Ya no quiero embarcarme en algo que no me asegura tranquilidad. Lo siento esta vez no, aunque valgas demasiado y sea algo bueno lo que se viene.
Es una condición que me persigue como mi propia sombra. A pesar de que agito mi paso para que no me alcance, siempre termina formando parte de lo que soy. Me sorprende en todos lados y su encuentro es inmediato. Me genera ganas de abandonar lo que estoy haciendo o la persona con quién estoy para huir a otro lugar. El problema es que los tiempos cada vez se acortan más y los cambios se suceden sin lugar a los permisos. Temo a que llegue el día en que me aburra de mi misma, va a ser dificil encontrar un lugar dónde ocultarme de lo que siempre me acompañó.
Cada semana que pasa es lo mismo. Doy vueltas sin contarte lo que una vez pasó. Todo el camino de ida, voy pensando cómo voy a decírtelo, repaso mi discurso una y otra vez y hasta imagino que algún tema va a llevar a otro y de pronto casi sin darme cuenta, va a nacer de mí contártelo. Pero eso no sucede nunca y me vuelvo con una frustración enorme y más triste que si te lo hubiera contado. Con la sensación de haberte hecho perder el tiempo, con la certeza de que le robé minutos a alguien que quizás los necesitaba más que yo...
Si me pregunto por qué no puedo dejar escapar mi historia, imagino que es por toda la carga emocional que trae y porque hay tantos años encerrados y ocultos, que remover todo eso sería, volver a vivir momentos que quiero dejar ir, más que nada en el mundo. Pero concluyo sin poder abrir la boca, y lo hago con una tristeza y una carga que me resulta insoportable.