Me pierdo leyendo textos que desconocidos escriben... me paso horas haciéndolo mientras el reloj se detiene intensamente. Leo historias tristes, confesiones excesivas, disparates y textos similares entre sí. He deleítado a amigos excelentes, cuyos vuelcos alimentan mi inspiración. Me he hundido en cada letra que han tipeado, quizás solo para ellos tal vez un poquito para mí. Pero a pesar de que las horas vuelan, los relojes se detienen y mi vista se pierde, recién hoy ha sucedido algo increíble, he abierto mis ojos.
Todos somos parecidos, todos nos animamos a contar lo que nos tiene mal, lo que nos anima o nos preocupa, nuestas emociones, nuestros descuidos o nuestras locuras. Cada uno a su modo, con muchos o pocos adornos, con bellas o descuidadas frases, pero lo que aquí importa es que cada manojo de palabras esconde la necesidad desesperada de abrirse.