Entre sabanas y sueños blancos suelo imaginarlo. El reloj no estará tan apurado, tu ropa quedará en el mismo sitio, tus abrazos no sabrán como alejarse y tal vez tus zapatos tampoco quieran irse. No harán falta palabras para despedirnos con excusas, ni tampoco un silencio prolongado. Es probable que nos miremos por horas como ausentes.
Ese día por fín me daré cuenta que debiste haber llegado antes de tiempo... o que yo... jamás debí ausentarme tan temprano.